jueves, 9 de junio de 2011

La Revolución será de los docentes

La revolución será de los docentes

La transferencia del conocimiento volverá a ser eje de una transformación radical de los sentidos asignados por la sociedad. La educación será lo único que cambiará (nuevamente) al mundo. En este nuevo siglo de las comunicaciones inmediatas y las informaciones fugaces, es el conocimiento el cimiento necesario para adaptarse a las características cognitivas del hombre para con el mundo que lo rodea. Mejor dicho, somos los docentes quienes tenemos la obligación de cambiar el mundo.



El problema no está en las herramientas, el conflicto no es entre el libro y la capacidad de atención. Durante años hemos diagnosticado e inventado desviaciones estudiantiles sin estudiar empáticamente lo que es soportar una clase nuestra. La solución reside en entender el cerebro, su renovado funcionamiento y los estímulos predilectos de estas nuevas esponjas cognitivas.

Los cerebros han cambiado, nosotros hemos cambiado y hasta los pizarrones se actualizaron. Si bien se ha avanzado en ciertos aspectos, lo que no hemos podido superar aún, es la confusión que tenemos acerca de qué es lo que debemos modificar de nuestra enseñanza. Las pantallas no hacen a los docentes y las presentaciones no serán lo que los alumnos recordarán para siempre. Los valores de la educación continúan siendo los mismos, el docente es insustituible y el conocimiento que se debe transferir no será modificado por el canal.

Las lógicas de transmisión de los contenidos son las que tenemos que atender. Debemos dominar las nuevas tecnologías, asimilar la ruptura que los nativos digitales producen sobre las viejas formas lineales de lectura y compartir el lugar desde donde generar conocimiento.

No temer, desafiarnos y salvarlos, es nuestra responsabilidad si es que alguna vez soñamos con poder abrazar un egresado que nos estime por los conocimientos que le hemos podido transferir para enfrentarse al mundo que se presenta ante ellos.

Bajemos la guardia y salgamos de la trinchera

¿Hasta cuando los docentes vamos a temerle a la tecnología? Debemos comenzar a verla como nuestra aliada y considerar que gracias a ella podemos recuperar el terreno perdido. Quizás al comprender que es justamente “con” las nuevas herramientas con las que vamos a poder frenar el achicamiento de nuestros programas, la disminución de densidad teórica y hasta sentirnos mejor frente al aula.

Nosotros como docentes, debemos pensar las herramientas digitales para configurar un escenario donde plasmar distintas unidades temáticas en torno a la comunicación digital y así lograr que los nativos digitales renueven su interés por distintos contenidos, participen en la construcción de conclusiones conceptuales y logren internalizar una manera de aprendizaje colaborativo y multiplataforma.

¿Nos animaremos a romper esas secuencias rígidas de aprendizaje en las que creemos fervientemente? ¿Estamos dispuesto a compartir el protagonismo con los alumnos? Como docentes tenemos que identificar cuando nos olvidamos que el proceso de aprehender era deglutido por nosotros dada su condición estimulante. Sin dudas alguien nos inyectó la creencia errónea de que el alumno por sí solo iba a querer hacerse de los conceptos y nosotros no teníamos más que presentarlos.

No existen soluciones mágicas

No se puede desconocer que los nuevos paradigmas tecnológicos han llevado a la transformación de la sociedad del conocimiento. Se trata de una sociedad en la que las condiciones de generación de conocimiento y procesamiento de información han sido sustancialmente alteradas por una revolución tecnológica centrada sobre el procesamiento de información, la generación del conocimiento y las tecnologías de la información.

En este contexto general, las nuevas tecnologías se relacionan con la enseñanza a partir de la generación de nuevos entornos de aprendizaje, donde se han transformado las maneras en que el saber es adquirido, clasificado, facilitado y explotado.

El camino de la descentralización de las clases entonces, aparece como una oportunidad para innovar a partir de las herramientas que ellos mismos ya manejan, pero que se puede enseñarles a utilizar eficazmente con fines académicos. En el caso educativo, se entiende mal esta des- centralización si se supone que el último nivel de decisión personalizado está en el docente. Porque quienes deberían participar de las decisiones de aprendizaje, son los últimos orejones del tarro (pero también los más importantes de todos); a saber, los mismos estudiantes.

No seremos los primeros pero evitemos ser los últimos

Cuando por fin nos propongamos ejercitar nuestra docencia, alejándonos de las estoicas formas medievales de educar, entonces podremos reconocernos en la mirada de un aula repleta de nativos digitales que nos aceptan en su reino cognitivo. No hace falta recorrer muchos clicks en el horizonte de Google para toparse con casos cada vez más exitosos e innovadores.

En el caso local por excelencia es necesario citar el Proyecto Facebook encabezado por Alejandro Piscitelli, donde se desarrolló una experiencia de educación participativa, que si bien se basó exclusivamente en la red social, dejó sentada las bases sobre conceptos claves para entender la educación en términos que debemos emprender.

¿Cómo conquistaremos a estos bárbaros que nos desafían en nuestra propia aula? Entendamos a Alessandro Baricco cuando nos anticipa que “los bárbaros llegan de todas partes. Y esto es algo que nos confunde un poco, porque no podemos aprehender la unidad del asunto, una imagen coherente de la invasión en su globalidad. Vemos los saqueos, pero no conseguimos ver la invasión. Ni, en consecuencia, comprenderla. Para los bárbaros la calidad de un libro reside en la cantidad de energía que ese libro es capaz de recibir desde las otras narraciones y de verter después en otras narraciones”.

Nos instruyamos para dar batalla en igualdad de condiciones. Un buen ejemplo de ello me pareció el caso de Salman Khan que creó la, al menos innovadora, Khan Academy, postulando sin tapujos que se puede utilizar el video para reinventar la educación. Su proyecto se basa en una serie de videos educativos cuidadosamente estructurados que ofrecen completos planes de estudio en matemáticas y, ahora, en otros temas. En la exposición de su plan muestra el poder de los ejercicios interactivos e invita a los profesores a considerar invertir el tradicional método en el salón de clases: Asignar a los estudiantes video-clases para ver en su hogar, y hacer “los deberes” en el salón con el profesor listo para ayudarles.

No habrá casos que desde el primer momento se amolden a la solución que necesitamos para nuestra aula, pero debemos comenzar a nutrirnos de las distintas experiencias e interpretaciones de la situación, para así poder alcanza el objetivo de salvar “nuestra” clase.

La revolución no será de las máquinas y los alumnos no asaltarán nuestra Bastilla, sino que somos los docentes quienes tendremos que iluminar el camino. El primer paso entonces será reconocer nuestros errores y remediarlos desde los nuevos conceptos que se nos presentan como posibles aliados. Herramientas, plataformas y distintas actividades están tan expectante, como los alumnos, porque las internalicemos para ejecutarlas.

miércoles, 1 de junio de 2011

Pensamiento Estadistico y Tecnologias Computacionales

Pensamientoto Estadistico y Tecnologias Computacionales

PENSAMIENTO VARIACIONAL Y TECNOLOGIAS COMPUTACIONALES

Pensamiento Variacional y Tecnologias Computacionales

Pensamiento Geométrico y Tecnologías Computacionales

(Pags1-94)Pensamiento Geometrico y Tecnologias Computacionales

sábado, 28 de mayo de 2011

Educar la inteligencia

Educar la Inteligencia

cortesía www.arvo.net


Por Mª Ángeles Almacellas Bernadó







La vocación y la misión de todo ser humano consiste en lograr el ideal adecuado a su dignidad. Educar es, pues, ofrecer ese supremo valor –el ideal humano- a la inteligencia y a la voluntad. Es de enorme importancia enseñar desde muy temprano a los niños a reflexionar sobre sus experiencias, para no quedarse en sus impresiones, deseos e impulsos inmediatos y dejar, así su vida vacía de sentido. Esto exige educar la inteligencia para alcanzar la capacidad de pensar con rigor y la voluntad de vivir de forma creativa[1].

Pensamiento riguroso



El niño tiene en sí mismo la capacidad de pensar, y a nosotros nos corresponde enseñarle a pensar bien. A nuestro alrededor hay realidades que, en sí mismas, no tienen poder de iniciativa, como un martillo, una piedra, unos zapatos... Estos “objetos” están frente al hombre, le son distintos, externos y extraños, y él puede analizarlos sin comprometer su propio ser. Sin embargo hay otras realidades que, aun presentando las mismas características que un “objeto” –ocupan un lugar en el espacio, son mensurables, asibles, etc...-, en cierto sentido son indelimitables. Por ejemplo, una persona. En cuanto ser corpóreo, puede ser pesada, medida, tocada..., pero ¿puede delimitarse lo que abarca en el aspecto familiar, el ético, el religioso, el afectivo...? Está claro que no, pues el ser humano, aunque tiene una dimensión objetiva, constituye todo un ámbito de realidad.
Y la misma diferencia existe entre los meros hechos de la vida cotidiana y los acontecimientos. Cada día aterrizan cientos de aviones que realizan travesías intercontinentales. Pero, la primera vez que un avión consiguió sobrevolar el Atlántico, su hazaña supuso todo un acontecimiento de enormes repercusiones para el futuro. A diario disfruta el niño del amor abnegado de sus padres, de sus cuidados y atenciones. Pero hay un día al año de resonancia muy especial: el aniversario de su nacimiento. Constituye un ámbito de agradecimiento, porque un día vino a la existencia; de alegría, porque ahora forma parte de la familia; de gozo, por poder compartir la vida con él. Es la fiesta de la participación en el hogar.
Si vemos todo borrosamente y no distinguimos unas realidades de otras, empobrecemos peligrosamente nuestra existencia, pues sólo los ámbitos pueden encontrarse entre sí, no los objetos. Con meros objetos no podemos tener experiencias de encuentro, que son las que llevan al hombre a su realización personal. Por eso, lo decisivo en la vida es elevar todo lo posible los objetos a condición de ámbitos, y evitar en toda circunstancia practicar el reduccionismo, que consiste en reducir de valor las realidades y acontecimientos de la vida.

Dimensiones de una inteligencia madura

La distinción aquilatada de los diversos modos de realidad encierra una extraordinaria importancia pedagógica, pues nos encamina por la vía de la madurez humana. Al ajustar su mente a cada tipo de realidades y acontecimientos, el niño descubre qué actitud corresponde a cada modo o nivel de realidad. Con ello, pone en tensión la mente y cultiva las tres dimensiones de la inteligencia madura: largo alcance, amplitud y profundidad.

Largo alcance (ver más allá de lo inmediato)

Debemos ejercitar la capacidad de superar las apariencias, penetrar en cada una de las realidades y captar su sentido profundo. Esto supone hacer justicia a cada realidad y reconocer en cada instante en qué nivel de realidad nos estamos moviendo. La mera libertad de movimientos puede parecer, a primera vista, la forma óptima de libertad, cuando la capacidad de movimientos es total. Pero una inteligencia de largo alcance penetra más allá de la apariencia y se percata enseguida de que la libertad de maniobra es una forma muy sencilla y pobre de libertad. El que sigue en cada momento la voz de sus impulsos y de sus apetencias más inmediatas, lejos de ser libre, es esclavo de sus propias pulsiones. La auténtica libertad consiste en elegir únicamente las posibilidades que nos ayuden a crecer como personas y alcanzar el ideal ajustado al ser humano.

2. Amplitud (considerar varios aspectos de la realidad al mismo tiempo)

Para comprender el rango y el valor de nuestras acciones, debemos contemplarlas en el contexto concreto en que están inmersas. La relación sexual íntima, por ejemplo, es vehículo expresivo del amor entre dos personas. Pero, si se la desgaja de éste, se la vacía de sentido, se la rebaja de rango; del nivel 2 de la creatividad se la reduce al nivel 1 de la mera búsqueda de gratificaciones personales[2]. Esta forma de ver en conjunto constituye la segunda condición de la inteligencia madura: la amplitud.

3. Profundidad (ahondar en la articulación profunda de las experiencias y descubrir su sentido)

Una inteligencia penetrante tiende a conocer a fondo el lenguaje de la vida creativa, a tener una idea clara de la plenitud de sentido de cada término, de la densidad de contenido que le corresponde, de su verdadero poder expresivo.
Al oír, por ejemplo, la palabra libertad, debemos ponerla en relación con todos los términos vinculados a ella: creatividad, valores, sentido de la vida, obligación, normas, cauces... Una inteligencia madura ahonda en las implicaciones últimas de cada realidad o suceso de la vida humana.
Las tres dimensiones de la inteligencia exigen poner la mente en tensión para ver más allá de lo inmediato, considerar varios aspectos de la realidad al mismo tiempo y poner de relieve su sentido. Una inteligencia madura supone el ejercicio de un pensamiento riguroso y la voluntad de vivir de forma creativa.
Si aprende a reflexionar, a no quedarse en la primera impresión u opinión, el niño contempla las realidades con hondura y en su mutua vinculación. Al pensar con rigor, descubre las leyes básicas del desarrollo humano y prevé qué actitudes lo van a llevar a su plenitud como persona y cuáles, por el contrario, anularán la formación armónica de su personalidad. Así, es capaz de elaborar sus propios juicios de manera coherente y bien fundamentada antes de formarse una opinión o adoptar una actitud. Porque pensar con rigor no implica sólo dominar los preceptos de la lógica; supone una actitud colaboradora con las realidades del entorno. Por eso, estudiar cómo pensar con rigor nos lleva naturalmente a reflexionar sobre la creatividad.

La creatividad

Actualmente, en todos los ámbitos y especialmente en la escuela, se intenta fomentar la creatividad, que el diccionario define como “la capacidad de hacer surgir algo de la nada”. A partir de esta primera y elemental definición, la palabra se abre a un abanico de interpretaciones. Suele entenderse, ante todo, por creatividad la actividad de un artista que da a luz obras sobresalientes. Esto es cierto, pero no agota el significado del vocablo.
Si queremos “educar en la creatividad” y que nuestro proyecto educativo sea coherente y eficaz, es indispensable clarificar debidamente qué implica la actividad creadora, qué exigencias plantea, cuál es su articulación interna. En primer lugar, la persona creativa ¿hace siempre surgir algo de la nada? Si entendemos que no hay una materia previa que sustente a la experiencia creativa, o que ésta no existía antes de que se la hiciera brotar, ciertamente surge de la nada. Pero una experiencia creativa no puede darse a solas; es fruto de una experiencia reversible; implica la apertura del sujeto creador a realidades de su entorno; no a meros objetos, sino a realidades que tienen rango de ámbitos. De ahí que la creatividad presente diversos grados, desde la actividad artística de los grandes genios universales hasta la de la persona más humilde y sencilla, que sabe distinguir los objetos de los ámbitos y crea relaciones de encuentro.
Somos creativos cuando asumimos activamente alguna posibilidad que nos brinda la realidad y colaboramos a que surja algo nuevo dotado de valor. Asumir “activamente” quiere decir que ofrecemos, al mismo tiempo, nuestras propias posibilidades. Esas posibilidades recibidas permiten a nuestras potencialidades desarrollar capacidades propias. Y, como fruto de ese encuentro, se alumbra algo nuevo que encierra cierto valor. A solas, nuestras potencias tienen un radio de acción muy limitado, si es que tienen alguno. Una persona puede estar dotada de una gran capacidad para la interpretación musical; sus potencias le permitirían llegar a ser un virtuoso del piano, pero, si no tiene posibilidad de acercarse a tal instrumento, sus potencias no podrán desarrollarse.

Saint-Exupéry recuerda un viaje en un tren repleto de gente de extracción social baja. Un niño pequeño dormía arrebujado entre sus padres. El autor francés se quedó mirando la carita del niño y recordó la figura del gran compositor Wolfang Amadeus Mozart. Y pensó que probablemente ese niño tuviera en sí potencias como para llegar a ser un gran músico, pero temió que la vida no le iba a ofrecer las posibilidades necesarias, con lo cual sus potencias quedarían ahogadas en agraz. Después de una larga reflexión, cuando el escritor separa ya definitivamente los ojos del niño, en su fuero interno lo considera como un “Mozart asesinado” (“Mozart assassiné”)[3].
Ser creativo significa que uno está abierto a las realidades del entorno, se esfuerza en captar sus diversas posibilidades y está dispuesto a entrar en relación de trato con ellas y dar lugar a realidades nuevas y valiosas: obras de arte, tal vez, pero también toda suerte de experiencias reversibles y, sobre todo, relaciones de encuentro personal.
Además, y esto encierra enorme importancia para la educación de los niños, el ejercicio de la creatividad desarrolla al máximo en el hombre la capacidad de admiración. Ésta constituye el antídoto de la tendencia al reduccionismo, a reducir el valor de cuanto nos rodea y amenguar, así, nuestra capacidad creadora en todos los sentidos. La quiebra de la creatividad nos lleva al escepticismo, al nihilismo y consiguientemente, al absurdo. Debemos esforzarnos en enseñar a los niños a admirar lo valioso, para que se abran a los valores en actitud creativa, y se entusiasmen con ellos al sentir que los llevan al cumplimiento de su propia vocación: ser personas en plenitud.

La creatividad suscita entusiasmo por los valores, y éstos a su vez potencian la creatividad. Si no se propicia que el niño se abra activamente a las realidades valiosas que se le ofrecen, no sentirá entusiasmo. Sin entusiasmo no tendrá motivación alguna para cumplir las condiciones del encuentro. De éstas depende toda relación de intimidad entre esa realidad valiosa y él. Sin tal intimidad, la realidad valiosa se le aparecerá como extraña, y no le interesará, le dejará indiferente. La indiferencia lleva al hombre al desinterés y la apatía, actitudes ambas de efectos temibles que inquietan sobremanera a los educadores.

Todos podemos ser creativos, al menos en el sentido de fundar vínculos valiosos con las realidades circundantes. Pero, para estar en condiciones de realizar experiencias creativas, debemos reconocer las realidades que son susceptibles de ofrecer posibilidades y distinguirlas de los meros objetos manipulables. Ello exige desarrollar un pensamiento riguroso. Si deseamos fomentar la creatividad, hemos de aprender a pensar bien, ya que creatividad y pensamiento riguroso se exigen mutuamente.

Pensar bien significa básicamente penetrar a fondo en el núcleo de cada realidad o acontecimiento, y hacerles justicia, no violentarlos. Esto supone la utilización precisa de los vocablos adecuados a la cuestión que se está tratando, pues, de lo contrario, se traiciona la realidad, y la comunicación se empobrece hasta hacer inviable el encuentro. Una forma correcta de expresarse facilita la creatividad y el encuentro, mientras que una manera pobre o inadecuada de utilizar el lenguaje no sólo bloquea en el niño las posibilidades creativas sino que lo deja inerme ante los ardides de cualquier manipulador.

Lenguaje y pensamiento están íntimamente ligados: es necesario un pensamiento riguroso para aquilatar bien el sentido de las palabras y frases que pronunciamos, para vincular los conceptos y dar razón de lo que creemos, y también, como es lógico, para saber qué significa e implica lo que hacemos.

Una mente rígida, sin capacidad de profundizar, se quedará encapsulada en cada concepto. Por el contrario, el que vive creativamente es capaz de penetrar en el sentido del lenguaje creativo, que exige tensión de mente y estilo relacional de pensar. Pero la flexibilidad de mente no es innata, y aprender a pensar con rigor y vivir de forma creativa exige la ayuda de un método adecuado para educar la inteligencia, que implica tanto el análisis teórico como la entrega a actividades creativas[4].





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[1] Para todo el tema de pensamiento riguroso y creatividad, véase Alfonso López Quintás, Inteligencia creativa, BAC, Madrid, 1998.

[2] Para el tema del amor personal, véase A. López Quintás, El amor humano. Su sentido y su alcance. Edibesa, Madrid, 41992.

[3] Cfr. A. de Saint-Esupéry, Terre des hommes, Folio, Gallimard, 1994, pp. 181-182.

[4] En la obra de M. Ángeles Almacellas y Teresita Piscitello Educar la inteligencia. Descubrimiento de los valores a través de la literatura y el cine (Editorial Galeón, Córdoba, Argentina, 2000) se expone ampliamente esta propuesta educativa.

martes, 26 de abril de 2011

Web 2.0 y Educación II

Web 2.0 y Educación

Convocatoria Cursos Virtuales Portal Educativo de las Américas de la O.E.A.


Formación en Tutoría Virtual - 44ta. Edición. ¡Nueva Convocatoria!
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Género y liderazgo político en el contexto Latinoamericano y del Caribe - 3ra. Edición .¡Nueva Convocatoria!
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Introducción al financiamiento de la política y de las campañas electorales en las Américas¹ - 4ta. edición.¡Nueva Convocatoria!
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miércoles, 20 de abril de 2011

Mapa Conceptual. Proceso de Estudio de Clases

Informe Final Estudio de Clases: Números Enteros. I.E. San Juan Bautista, Caimito-Sucre-Colombia. Octubre 2010.

Estudio de Clases: Aprendamos a multiplicar usando las MTICS

Aulas 2.0

Los Pilares de La Educación del Futuro